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Brasil, en la peor crisis política de su historia

En medio de una coyuntura de retrocesos radicales en los derechos de los trabajadores impulsados por el impopular Gobierno de Michel Temer –que derrocó a Dilma Rousseff–  una grabación pone en jaque al presidente, que puede caer en cualquier momento. Aferrado al poder, Temer dio una señal peligrosa este miércoles, llamando a las Fuerzas Armadas a la capital para contener las protestas que piden su salida, y anulando el decreto al día siguiente. 

Texto y fotografía: Marcelo Aguilar (São Paulo)

Este texto mañana podría ser otro. Brasil es un espectáculo trágico de no-ficción con guión incierto. Sin respuestas, y bien imprevisible. Se acaba de cumplir un año de que uno de los congresos más conservadores y reaccionarios de la historia tiró a la presidenta Dilma Rousseff –electa por 54 millones de brasileños– en nombre de dios, la moral y las buenas costumbres.

Bien claro quedó hacia dónde iba la cosa cuando el vicepresidente Michel Temer, del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) –que asumió la presidencia tras el impeachment–, presentó su gabinete. Ni una mujer, ni un negro. Todos hombres blancos y ricos. Y cuando, rodeado de todos estos hombres durante su discurso de asunción citó una frase que vio en una placa en la ruta: “No hable de crisis, trabaje”. Ahí empezó la desbandada.

En diciembre del año pasado el Gobierno congeló por 20 años el gasto público en salud, educación y asistencia social. Varios de los programas sociales de los gobiernos progresistas han desaparecido, o se ha reducido drásticamente su financiamiento. Se aprobó la tercerización irrestricta del trabajo, y Temer se empecina en aprobar dos medidas altamente impopulares, como la reforma de las jubilaciones –a esta altura uno de sus desvelos–, que según denuncian los movimientos populares “elimina el derecho a jubilarse para la mayoría de los brasileños”, y la reforma del trabajo, que debilita a los trabajadores frente a los patrones. Estas reformas han sido fuertemente resistidas en las calles, pero estaban comenzando a tramitarse en el Congreso, quizás el único soporte de Temer en medio del caos. Básicamente, el proyecto del Gobierno y su aliados era cargar sobre las espaldas del pueblo el costo de la crisis. Vieja historia conocida.

La bomba

El presidente ya la tenía complicada. Una bajísima aprobación, y un fuerte rechazo popular a las reformas iban poco a poco minando sus apoyos. Pero el miércoles 18 de mayo explotó una bomba. La empresa JBS –una de las mayores productoras de carne del mundo-, estaba siendo investigada, y sus dueños estaban por ser detenidos. Amparándose en la ley de delación premiada, accedieron a delatar a otros corruptos, y a desvelar la trama corrupta dentro del Estado, así como a grabar encuentros con autoridades. Una exclusiva del diario O Globo, perteneciente al conglomerado mediático más poderoso del país, la Red Globo, reveló grabaciones en las que Temer conversa con Joesley Batista (dueño de JBS) y daría el aval para comprar el silencio del expresidente de la Cámara de Diputados Eduardo Cunha, del mismo partido que Temer, el PMDB.

Figura central del impeachment, Cunha era un estratega maquiavélico, que hizo y deshizo a su gusto en el Congreso, hasta caer preso por corrupción, lavado de dinero y evasión. Por su poder, y su trabajo incansable en los bastidores del Congreso, su prisión lo convirtió en un riesgo para otros corruptos. Todos querían su silencio. En la conversación, Temer le dice a Batista que Cunha “decidió fustigarlo”. El empresario le explica que dejó “todo en cero lo que pudiera estar pendiente” con Cunha, y que “está bien con él”. A lo que Temer responde: “¿Hay que mantener eso, vio?”. Batista dice además que está cubriendo todos los flancos, que consiguió un procurador dentro de la justicia que le pasa información, y que está intentando sustituir a otro.

En otra de las delaciones de Batista, el que cayó es Aécio Neves, que hasta entonces era presidente del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), y que compitió con Dilma Rousseff en las elecciones de 2014. Neves pidió a Batista algo más de 700.000 dólares para pagar su defensa en la operación Lava Jato, que investiga la corrupción en el país. Las revelaciones tuvieron tal impacto que pusieron a Temer al borde del abismo, al punto de que su renuncia se convertía en una posibilidad cierta, y hasta se especuló que lo haría al día siguiente de las revelaciones. Pero no. En un anuncio en el Palacio de Planalto –sede del Gobierno en la capital, Brasilia–, visiblemente enojado y nervioso, Temer dijo que no renunciará. Es la misma postura que mantuvo en otro pronunciamiento el sábado 20, y en una entrevista al diario Folha de São Paulo. La jugada de los dueños de la JBS fue magistral. Antes de tirar la bomba compraron dólares –que se dispararon luego de las revelaciones– y se fueron a Nueva York, como parte del acuerdo por la delación. Acá quedó solo el caos.

Temer es insustentable, no tiene la más mínima capacidad política ni moral de gobernar, ni frente al pueblo brasilero ni frente al mundo, según el profesor Aldo Fornazieri

La salida

“El Gobierno Temer acabó”, dice a El Salto el profesor de ciencia política Aldo Fornazieri. Para el director de la Fundación Escuela de Sociología y Política (FESPSP), “Temer es insustentable, no tiene la más mínima capacidad política ni moral de gobernar, ni frente al pueblo brasilero ni frente al mundo”. Después de las relevaciones, es muy probable que Temer caiga. Lo que no se sabe aún es el cómo. Horas después de la noticia, se protocolaron ocho pedidos de impeachment contra el presidente en la cámara, que se suman a los que habían sido presentados anteriormente por otros motivos. Esta semana, la Orden de los Abogados de Brasil (OAB) presentará otro.

La decisión pesa sobre el presidente de la Cámara de Diputados, Rodrigo Maia, del partido Demócratas y uno de los aliados más fieles de Temer. Para Fornazieri, “esta sería la peor salida, estiraría la crisis, es malo para la economía y el empleo, y sería un proceso muy traumático para Brasil”. Existen dos salidas rápidas, la renuncia –difícil– o que lo tumbe el Supremo Tribunal Federal, hasta el momento también difícil, ya que para Fornazieri el STF “no tiene el coraje de hacerlo”. Una investigación abierta por el STF contra Temer y Aécio Neves investiga los delitos de organización criminal, corrupción pasiva y obstrucción a la Justicia.

Si ninguna de estas opciones se concreta, la otra vía sería un juicio que se retoma el 6 de junio en el Tribunal Supremo Electoral (TSE), que investiga irregularidades en los gastos de campaña de la fórmula Dilma-Temer en 2014. En ese caso, asume por 30 días Rodrigo Maia, y tiene que convocar a elecciones. Hay una polémica acerca de si serían elecciones indirectas o directas. Varias de estas opciones o no están contempladas en la Constitución o están sujetas a diferentes lecturas. “Nunca hubo una situación como esta, que es sin lugar a dudas la peor crisis política de la historia de Brasil”, dice el politólogo. La defensa de Temer está ahora dedicada a intentar deslegitimar técnicamente la grabaciones, y según Fornazieri la base aliada de Temer en el Congreso está tratando de ganar tiempo para negociar una salida, buscando consenso en un candidato, que en caso de obtenerlo aislaría a Temer, que se vería obligado a renunciar.

A las calles

“El pueblo está, se está levantando, para decir chau, Temer, chau, Temer chau, chau, chau, él es golpista, no tuvo votos, y quiere robar al trabajador” , dice la versión de Bella ciao al ritmo de samba, bajo la lluvia torrencial de la avenida Paulista. El domingo 21 de mayo fue de movilizaciones en todo el país, haciendo una fuerza para que caiga Temer, y para pedir elecciones “directas ya”.

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Ante una masiva protesta en Brasilia el miércoles 24 de mayo, organizada por sindicatos y movimientos populares, que derivó en una fuerte represión policial, e incendio y grafiti en varios ministerios, Temer promulgó un decreto llamando a las Fuerzas Armadas para “garantizar la ley y el orden”. Los militares rodearon el palacio de gobierno, y salieron a las calles de la capital. Esto derivó en fuertes discusiones entre parlamentarios dentro del congreso, manifestaciones espontáneas en otras ciudades, y generó un fuerte rechazo. Bajo presión, Temer dio marcha atrás y revocó el decreto en la mañana del jueves 25. Pero la señal ya estaba dada. En tamaña crisis, una llamada a las Fuerzas Armadas es una decisión pésima, que recuerda momentos nefastos de la historia del país, como la dictadura militar (1964-1985), y no hace más que aumentar la oscuridad.

Natalia Szermeta, de la coordinación del Movimiento de los Trabajadores Sin Techo (MTST), dice a El Salto que “la situación en el país es muy tensa y delicada, a cada minuto aparece una bomba, y las posibilidades de que Temer siga siendo el presidente son cada vez menores. Esto abre una nueva brecha en la política brasileña, y profundiza todavía más la crisis política y la extrema inestabilidad que el país ya venía viviendo”. Por eso, explica, “lo que toca ahora es ir a las calles y exigir la renuncia inmediata de Temer. Brasil se convirtió en una vergüenza para el mundo, tanto por los escándalos de corrupción por como se viene conduciendo la política, y es necesario que la salida sea democrática. Ninguna salida que no la respete será buena para el país, y por eso necesitamos elecciones directas ya”.

Ante la posibilidad de elecciones directas –tanto si se aprueba una enmienda constitucional que las adelante, o las que estaban previstas para 2018–, quedó claro en Curitiba [ver recuadro] que los movimientos populares y sindicatos ya están apoyando la candidatura del expresidente Lula Da Silva. João Pedro Stédile, dirigente del Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST), dijo en Curitiba: “Le decimos a la burguesía que Lula es nuestro candidato y no permitiremos que inviabilicen su candidatura. Precisamos disputar las elecciones con Lula, y precisamos debatir con el pueblo un nuevo proyecto de país”.

Uno de nuestros principales problemas es que tenemos un sistema democrático que no es democrático, rehén de las grandes empresas y el capital trasnacional, dice Lira Alli

Fornazieri dice que Brasil “está en un vacío político, pero también económico y programático, no aparecen las perspectivas y nadie sabe muy bien qué hacer con el país”. En ese contexto, en el que Temer es rechazado casi por el 100% de la población, “los movimientos sociales continúan teniendo una baja capacidad de convocatoria”, dice Fornazieri, y “es el momento de mejorarla, colocando con fuerzas sus reivindicaciones, y siendo protagonistas en el proceso de negociación de las salidas para la crisis”. Pero negociación no es conciliación, resalta. “Se debe crear una cultura anticonciliación. La propia experiencia del Partido de los Trabajadores (PT) demostró que la conciliación con las élites que históricamente han dominado al país no dio resultado. Los movimientos sociales tienen que ser protagonistas en los procesos sin estar subordinados a parcelas de las élites, negociando sus reivindicaciones de forma autónoma”. Según el politólogo, los sectores progresistas ya lo entendieron y no van a aceptar más la conciliación: ya saben que no pueden confiar sus banderas y reinvicaciones a un gobierno concilidador. En un un eventual próximo gobierno de Lula, “lo van a presionar mucho para implementar un verdadero programa de izquierda”.

Lira Alli, que hace unos minutos cantaba la versión de Bella ciao al micrófono, forma parte de una articulación de grupos de carnaval que se juntó contra el impeachment y está de acuerdo con que “en lo inmediato” hay que pedir elecciones “directas ya”, “porque es importante que nuestros votos se respeten”. Pero piensa que en una perspectiva mayor “las elecciones directas no van a resolver nuestros problemas”. ¿Por qué? “Porque uno de nuestros principales problemas es que tenemos un sistema democrático que no es democrático, rehén de las grandes empresas y el capital trasnacional. La democracia pasa por una crisis profunda, en el mundo entero está cuestionada como forma, y no vamos a conseguir transformar profundamente su estructura si miramos solamente a Brasil. Necesitamos pensar nuevas formas de construirla en nuestras comunidades”.

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Mundos paralelos

La elección de 2018 ya se está disputando. El 10 de mayo, el juez Sergio Moro, que encabeza la famosa operación Lava Jato –que investiga la corrupción en el país–, convocó a Lula para una audiencia en Curitiba, sede de la operación. Como bien sabe, el expresidente, junto a los movimientos sociales que lo apoyan, convirtieron el hecho en un gran acto político. Miles de personas llegaron desde distintos puntos del país para apoyarlo, y realizar un acto frente a la Universidad Federal de Paraná, donde el propio Moro da clases. Los movimientos acusan al juez de encabezar una persecución para evitar que Lula sea presidente. Según uno de los abogados de Lula, Cristiano Martins, “la operación Lava Jato promueve una verdadera guerra jurídica, mediante el uso manipulado de las leyes y los procedimientos jurídicos para perseguir a sus enemigos políticos”. Moro es elevado a la categoría de “héroe nacional” por los movimientos pro-impeachment. Y es el villano de la historia para los movimientos populares. Quizás la consolidación material de esta profunda polarización que atraviesa Brasil haya sido el muro que separó a los manifestantes pro y contra el impeachment durante su votación en Brasilia.

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Son mundos bien distintos. En Curitiba, Antonia dice a El Salto que “si Lula se candidateara cien veces, y tuviera la posibilidad de estar viva, lo votaría las cien veces”. Viajó tres días desde el lejano Piauí, en el norte del país. “La situación financiera allá es muy difícil. Muchas veces los niños iban para la escuela sin comer ni tomar nada. Llegaban en el colegio, no tenían merienda. ¿Qué hacían? Se desmayaban. Iban al hospital y no había remedios, la situación era caótica. Antes de Lula era así”, cuenta Antonia, y quedan claros sus porqués. Estas dos mujeres, que están hirviendo arroz y feijão en la cocina del campamento de quienes apoyan a Lula, no se quieren identificar por miedo a las represalias del patrón. Vinieron desde el norte de Paraná. “Nosotros estamos aquí para luchar, lo que queremos es tierra para plantar”, dice una de ellas, y su compañera dice: “Yo no entiendo mucho de política, pero da para percibir que este Gobierno, de una escala de diez a cero, es cero. Es un Gobierno para los ricos. Y como dice la música, el pobre cada vez más pobre”. Y da quizás una de las claves de la debilidad del Gobierno Temer: “la mayoría de la población es pobre, y claro que no vamos a aceptar que gobierne para los ricos y sin nosotros. Entonces, en realidad él la tiene bien complicada. Cuando tiraron a Dilma, fue mucho pobre a la calle pensando que iba a mejorar, y ahora ese pueblo que fue a favor de él, se está dando cuenta y está en contra. El hechizo se volvió contra el hechicero”.

A unos pocos kilómetros estaban los “pro-Moro”, que se autodenominan de la “República de Curitiba”, el lugar donde “las leyes se respetan”. Si hasta venden camisetas del juez Sergio Moro, y gritan que “el glorioso” va a conseguir meter preso a Lula antes de 2018. Elizeth, que tiene en la mano un pasaporte de su república, y una corona dorada de plástico, dice que su motivo es “rescatar la ciudadanía del brasilero”. Pero tiene una postura bastante moderada dentro del espectro de los moros. “No es cuestión de cambiar al presidente. Nuestro sistema continúa la misma cosa, financiado por el mismo dinero. Lo que hay que hacer es cambiar ese sistema, a través de la justicia, de ley para todos. El Brasil es un viejo Estado que hay que transformar”. Para eso, dice, se necesita una “revolución cultural”, que rescate el pasado para construir una “democracia en todo”, es decir, “en los medios de comunicación, en la educación, en la ley y en la política”.

En la misma manifestación, que reúne no más de 50 personas, Euro, retirado de la Fuerza Aérea, dice que es necesaria una intervención militar para salvar al país, y que es mejor no tener elecciones: “El pueblo ya estaba quedando preparado para el comunismo, por culpa de una conspiración comunista, que coordina todos los partidos y que busca destruir el Estado”. Dice que “hay que dejar a la gente armarse, porque un bandido no va a entrar en mi casa si sabe que puede llevarse un tiro en la cara”. Mauricio, que está orgulloso de haber servido al Ejército durante la dictadura militar, entra en la conversación y dice que “la única institución que todavía basa la formación de todos sus miembros en la moral y el patriotismo son las Fuerzas Armadas, y tengo certeza de que si tuviéramos una intervención militar, colocaría al país en la dirección correcta”. Euro dice que los hubiera matado a todos. Como para no poner un muro.

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