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Napoli, Italia, 24 Octubre 2014. Chavales residentes en "Le Vele" juegan al futbol en el campito de tierra que se encuentra entre "La Vela Gialla" y "La Vela Rossa". Foto: Gianfranco Tripodo.

¿Imaginas el chalet de Sito Miñanco convertido en vivienda social?

Cosas como esta suceden en Italia desde que, en 1996, el Estado aprobara la ley 109/96, que establece el uso social de los bienes confiscados a la mafia. Detrás se este hito se halla Libera, la red más importante del movimiento antimafia.

Texto: Óscar Chaves
Fotografía: Gianfranco Tripodo

Desde hace quince años, una franquicia de restaurantes de comida italiana, La Mafia se sienta a la mesa, hace negocio en diferentes puntos del Estado español explotando la fascinación que aquí provoca el crimen organizado con sello Corleone.

Algo que por estas tierras resulta tan natural y atractivo como un cartel publicitario de la serie Narcos en plena Puerta del Sol, en el país de la bota estaría considerado como un insulto a las víctimas y, por tanto, prohibido.

Y es que, detrás de la imagen edulcorada de los hombres de honor del Sur, indomables ante el Estado, se halla un fenómeno que ha dejado unas 7.000 víctimas mortales desde el siglo pasado, de las cuales al menos un millar no tenía relación con actividades mafiosas.

En la memoria resuenan aún las bombas que en 1992 segaron la vida de los jueces Falcone y Borsellino, pero las víctimas de renombre son escasas. La mayoría son ciudadanos corrientes, personas que un día tuvieron la mala suerte de cruzarse en el camino de un mafioso y cuyo recuerdo, hasta hace poco, estaba relegado al ámbito familiar. Para honrar su memoria y combatir la cultura y consecuencias de la mafia nace en 1995 Libera. Asociaciones, nombres y números contra las mafias, una red que hoy cuenta con más de 1.600 colectivos en toda Italia.

Su responsable del área internacional, Giulia Baruzzo, visitó Madrid para dar a conocer este movimiento, único en el mundo, y buscar aliados con los que tejer acciones contra el crimen organizado y la corrupción política, dos fenómenos cada vez más globales.

Pero la mafia, al menos la italiana, ¿no forma parte de aquel pasado cruento en el que reinaban figuras como Totó Riina y Bernardo Provenzano? En 2006, la publicación de Gomorra, de Roberto Sabiano, sirvió para mostrar al público hispano —de un modo “espectacularizado”, a tenor de Baruzzo— la realidad de la camorra napolitana y sus nuevas líneas de negocio, como el tráfico y eliminación irregular de residuos, lo que hoy se conoce como “ecomafia”.

Y después… ¿qué? De ciento en viento los noticieros recogen la detención de algún capo mafioso en su retiro dorado en la Costa del Sol, y poco más. Pero hay mucho más, y Libera lo sabe bien, aunque cada vez se hable menos del fenómeno no solo aquí sino también en Italia.

Allí continúan activos, en mayor o menor medida, los cuatro grupos mafiosos históricos: Cosa Nostra (Sicilia), Camorra (Campania), ‘Ndrangheta (Calabria) y Sacra Corona Unita (Apulia), esta última actualmente disuelta en diversos grupos.

“Hoy tenemos más de quince procesos abiertos relacionados con la mafia en Italia, la mayoría en el norte, lo que implica que las inversiones de las mafias que vienen del sur de Italia ahora se producen en las regiones ricas. Aunque estas mafias asesinan menos que antes y ha disminuido la violencia, el tráfico ilegal y las acciones criminales económicas —como el lavado de dinero negro— viven hoy sus mejores años. [Los mafiosos] compran restaurantes con dinero procedente del tráfico de droga, invierten en empresas de la construcción y levantan carreteras o edificios con materiales que no cumplen la legalidad. Lo positivo no es que las mafias hayan disminuido sino que la sociedad civil, desde un punto de vista cuantitativo y cualitativo, es más consciente”, explica Baruzzo.

El crimen italiano se ha modernizado, internacionalizado y dado un buen lavado de cara. “Ha comprendido que cuando realiza actos violentos, se habla de lo que realmente sucede y eso no le interesa. Por eso adopta el modelo de la ‘Ndrangheta, la mafia italiana que tiene en su haber un menor número de secuestros y asesinatos, y que hoy es la más poderosa del mundo gracias al tráfico de droga”, asegura Baruzzo.

Así actúa en España, donde comenzó a introducirse en los años 80 y actualmente está presente en Barcelona, Alicante, Málaga, Cádiz, Baleares, Canarias y, en menor medida, Madrid, según informes policiales.

Detrás de su poder se halla también una cerrada y cohesionada estructura familiar, lo que la hace prácticamente inmune a la acción de arrepentidos, un fenómeno que ha minado con fuerza a la Camorra y, sobre todo, a la Cosa Nostra. Mientras las redes de la ‘Ndrangheta siempre se han asentado sobre la parentela familiar, napolitanos y sicilianos han recurrido habitualmente a chavales desclasados de los barrios, haciendo más permeables a sus organizaciones.

Desde hace años, España es el país al que Italia solicita más comisiones rogatorias de los tribunales por procesos sobre mafia. De 2008 a 2015, la Guardia Civil detuvo a 96 mafiosos en el Estado español, la mayoría de los cuales vivía con la máxima discreción. Nunca un disparo, rara vez una acción violenta en público. Pero tampoco es habitual que salte a la primera plana de la actualidad un caso como el del Eldense, el equipo de fútbol de Elda (Alicante) que entre febrero y abril amañó cinco partidos con la ‘Ndrangheta calabresa en el marco de un negocio de apuestas deportivas ilegales.

“Pero cuidado, no siempre es así”, alerta la responsable de Libera. “En 2010 Lea Garofalo, que era hija y esposa de ‘ndranghetistas, tras denunciar los actos de la mafia calabresa y escapar con su hija al norte de Italia con ayuda del Estado, fue asesinada por su propio marido en Milán, que después disolvió su cuerpo en ácido. Su hija, Denisse, sigue viva, pero oculta y con otra identidad. En 2013 organizamos el funeral público de Lea, pues hasta entonces no se había celebrado nada. No hablamos de los años 80 sino de hoy. Lea pidió ayuda a Libera cuando estaba viva y nuestros abogados participaron en su proceso”, indica Baruzzo.

Napoli, Italia, 25 Octubre 2014. Agentes del Comisariado de Scampia patrullan el barrio. Foto: Gianfranco Tripodo.

Napoli, Italia, 25 Octubre 2014. Agentes del Comisariado de Scampia patrullan el barrio. Foto: Gianfranco Tripodo.

Apoyar a las víctimas inocentes de la mafia y a sus familias, acompañarlas en su lucha contra el crimen —lo que incluye arroparlas en los juicios— y garantizar que sus historias de vida no caigan en el olvido son algunas de las líneas maestras de Libera. “Antes era una vergüenza tener un familiar asesinado por la mafia en Italia, ya que se le identificaba como parte del fenómeno mafioso, aunque no tuviera nada que ver. El camino que se ha hecho con las familias y las víctimas es muy importante. Muchas se han convertido en activistas de la asociación, van a las escuelas a hablar con los chavales. Esto supone toda una victoria porque de ser víctimas han pasado a ser protagonistas de la lucha”, sostiene la activista.

Cada 21 de marzo, Libera celebra la Jornada nacional de la memoria y el compromiso en recuerdo de las víctimas de la mafia, una efeméride que este año ha pasado a tener un reconocimiento oficial tras una moción aprobada por el Parlamento.

Encuentros de damnificados y familiares, ceremonias para honrar a los fallecidos, manifestaciones y seminarios nutren una celebración en la que nunca falta la lectura de todos y cada uno de los nombres y apellidos del millar de personas inocentes que han perdido la vida como resultado de actos mafiosos. Este año, en la 27ª edición de su jornada de la memoria, la red consiguió reunir a 25.000 personas en Locri, una localidad calabresa de 12.000 habitantes donde reina la ‘Ndrangheta, lo que supone un éxito indiscutible.

En el marco de la batalla por preservar la memoria, hace unos meses Libera lanzó Vivos, un archivo documental online que recoge una biografía de cada una de las víctimas inocentes de la mafia, así como estadísticas sobre el fenómeno y un mapa de inmuebles y tierras confiscadas a la mafia que hoy albergan proyectos sociales.

Este último punto ha sido, junto al reconocimiento social e histórico de las víctimas, el principal hito de Libera en sus 22 años de historia. Tras una fuerte movilización social, en cuyo marco recogió un millón de firmas, en 1996 el Estado italiano aprobó la Ley 109/96, que garantiza el uso social de los bienes incautados a la mafia.

Por desgracia para la red, la 109/96, una norma única en el mundo, deja fuera de su ámbito las posesiones incautadas a los corruptos, algo que sí aparecía en su proyecto inicial. Desde su aprobación, 27.000 activos expropiados a la mafia han sido usados por cooperativas, ONG, asociaciones sin ánimo de lucro y ayuntamientos para poner en marcha proyectos sociales.

Su uso social “ha permitido en Italia un cambio cultural, la percepción de que la lucha contra la mafia tiene un beneficio para la comunidad, ya que esos bienes se destinan, por ejemplo, a los parados, cubriendo necesidades económicas, generando trabajo digno o viviendas públicas de alquiler”, sostiene Giulia Baruzzo, antes de reclamar más agilidad en el procedimiento de expropiación. “Se producen embargos a mafiosos cada día. El problema es que a menudo pasa mucho tiempo entre la confiscación de los bienes y su transformación en uso social. Muchas veces el proceso judicial dura años, y los bienes se estropean”.

Algunas voces acusan a Libera de haberse convertido en una especie de “holding de los bienes confiscados a la mafia”. Baruzzo, habituada a responder a esta acusación, subraya que “de los 27.000 bienes expropiados, solo hemos gestionado cuatro, y uno de ellos es nuestra sede”. Y aclara: “Cuando finaliza el proceso judicial se hace una convocatoria pública para usar el bien confiscado y se presentan proyectos de organizaciones sin ánimo de lucro o cooperativas agrícolas que deben incluir personas en desventaja social. El proyecto ganador adquiere el bien para explotarlo en usufructo durante diez, veinte o treinta años. Solo para explotarlo, pues el Estado nunca deja de ser su propietario. El bien pertenece siempre al común, es público. Detrás de la acusación de que gestionamos millones de euros en bienes confiscados hay medios, políticos y empresarios que defienden que los bienes puedan ser vendidos en vez de cedidos a la sociedad civil, para así poder adquirirlos”.

En la práctica totalidad de países del mundo, incluido España, los objetos, inmuebles, terrenos y vehículos incautados al narcotráfico se venden en subastas públicas al mejor postor. ¿Se imaginan el chalet de Sito Miñanco convertido en un piso de alquiler social para familias en riesgo de exclusión?

Pues eso es lo que Libera ha conseguido con las posesiones embargadas a los mafiosos, una práctica que trata de extender a los bienes de los corruptos y también exportar a otros Estados, a través de organizaciones ya implantadas. En su visita a Madrid, Baruzzo mantuvo un encuentro con la Federación Regional de Asociaciones Vecinales con este fin.

Formada por 1.600 colectivos de damnificados, pero también estudiantiles, ecologistas y vecinales, entidades locales escuelas y sindicatos, Libera está presente en toda la geografía italiana. Tiene proyectos en todos los niveles educativos y edita varias revistas especializadas, entre ellas la histórica Narcomafia.

En 2001 la organización impulsó Libera Terra, un consorcio de iniciativas de emprendimiento cooperativo en terrenos confiscados a la mafia. Lo hizo con la creación de una cooperativa de producción ecológica de trigo, aceite y vino en 300 hectáreas incautadas en Palermo.

Cosa Nostra respondió con la quema de cultivos, ataques a los tractores y amenazas, hechos que solo consiguieron aumentar la solidaridad con los cooperativistas, que persistieron en su empeño hasta sacar su primera cosecha. En la actualidad las cooperativas de Libera Terra emplean a más de 160 trabajadores y producen 80 productos ecológicos, entre los que se encuentran vino, pasta, fruta, verdura, mozzarela y aceite.

Uno de los instrumentos de sensibilización más eficaces de Libera son sus campos de trabajo, que cada año organiza en medio centenar de tierras e inmuebles confiscados a la mafia y en los que participan un millar de voluntarios.

Durante una o dos semanas, los voluntarios conviven con las cooperativas que gestionan los bienes embargados, las ayudan en las labores productivas y, en definitiva, “conocen qué significa luchar en un territorio donde antes no había ninguna alternativa a la mafia. Comes y duermes donde antes lo hacía un mafioso. Este verano esperamos también a los españoles”, invita su portavoz. Libera Terra ha creado incluso un proyecto de turismo solidario, El gusto de viajar, que promueve visitas a los terrenos de sus cooperativas, sobre todo en Sicilia.

Napoli, Italia, 23 Octubre 2014. Imagen de "La Vela Rossa", una de las 4 "Vele" simbolo de Scampia. Foto: Gianfranco Tripodo.

Napoli, Italia, 23 Octubre 2014. Imagen de “La Vela Rossa”, una de las 4 “Vele” simbolo de Scampia. Foto: Gianfranco Tripodo.

Libera avanza en la dirección que marcan sus asociaciones. Así, gracias a la presión de una de ellas, la coordinadora Legambiente, el Estado aprobó el año pasado el llamado ecodelito: “En estos momentos, si una empresa, que suele ser del Norte de Italia, paga a grupos criminales para que se lleve sus residuos de manera irregular, casi siempre al sur de Italia, puede ser condenada, cuando antes el riesgo solo lo asumía el grupo criminal”, afirma la portavoz antimafia.

“La mafia es experta en cambiar de piel y construir red. Los grupos mafiosos no se ponen zancadillas entre sí. Se dividen los espacios para obtener ganancias, y lo hacen también con la mafia extranjera. Las luchas internas se producen solo en los niveles más bajos, por ejemplo, para controlar el tráfico de droga en una calle de un barrio periférico de Nápoles. No por arriba. Como las mafias se globalizan, la sociedad civil debe crear un sistema antimafia”, indica la responsable de Libera antes de repasar los avances del movimiento fuera de Italia. Desde 2005 la organización mantiene una relación estable con grupos en América Latina, lo que ha cuajado en la creación de ALAS, una red informal que hoy cuenta con más de 40 organizaciones de once países de Centro y Sudamérica.

En Europa, Libera y Terra di Fuoco, otra entidad del movimiento antimafia, pusieron en marcha en 2008 Freedom Legalities Europe, que llegó a tener 40 organizaciones. Hasta su desaparición, ocho años después, actuó “más como un lobby que como una red de la sociedad civil”, sostiene Baruzzo, subrayando uno de sus principales éxitos: la aprobación de la Directiva 2014/42 del Parlamento Europeo y del Consejo, sobre el embargo y el decomiso de los instrumentos y del producto del delito en la Unión Europea.

Según esta norma, todos los países europeos deben dotarse de una agencia y una base de datos de bienes confiscados, e incluye la posibilidad de su uso social. “Desgraciadamente solo lo hace como posibilidad. España podría asumir parte de la directiva en su legislación nacional, y eso supone ya un paso muy importante”, indica la representante de Libera. “Desde hace seis meses tratamos de construir una nueva red europea, como ALAS, desde abajo, porque esa es la única manera de avanzar juntos. También buscamos tejer redes con grupos del África subsahariana, ya que hoy en día buena parte del narcotráfico pasa por ahí”, concluye Baruzzo.

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