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Estitxu Eizagirre, directora de Argia, lee el manifiesto de los 'artesanos de la paz' sobre el desarme de ETA en euskera ante miles de personas. / Dani Blanco

8 de abril, desde el pueblo y para el pueblo

ETA está desarmada desde el 8 de abril. Aquello que trazaron los ‘artesanos de la paz’ después de la iniciativa de Luhuso ya es un hecho. De cara al futuro, el manifiesto leído al finalizar el día asienta las bases para una paz justa y duradera. La diversidad de sus firmantes le otorga la fuerza para seguir adelante. El manifiesto llama al diálogo y, para ello, considera imprescindible la implicación de los gobiernos de España y de Francia.

Texto: Jenofa Berhokoirigoin / Argia

El día del desarme de ETA no podía ser una celebración, pero el 8 de abril en Baiona se sentían algunos elementos festivos: alegría, sonrisas que se cruzaban y una sensación placentera. Según el día seguía su curso, la tranquilidad le ganó terreno a la presión en la cara de los ‘artesanos de la paz’ [miembros de la sociedad civil del norte del País Vasco que se han implicado activamente en el proceso de paz]. Por la noche, la alegría a la tranquilidad, puesto que culminó el proceso de desarme: “Hemos alcanzado los objetivos de este día: por una parte, los factores técnicos y prácticos han concluido con éxito y, por otra parte, hemos transmitido el mensaje, textualmente, para que cada uno se sienta respetado y reconocido, y explicitando que todos queremos formar parte en el camino de la paz”, afirmaba el día siguiente Mixel Berhokoirigoin, uno de los ‘artesanos’. Ese día volvió a decir lo que ya había repetido una y otra vez desde la detención de Luhuso: “El desarme facilita la paz pero no es la paz, todavía hay mucho camino por recorrer”.

ETA dejó en manos de la sociedad civil la responsabilidad política y técnica del desarme, aceptando la propuesta formulada por Michel Tubiana, Mixel Berhokoirigoin y Jean Noël Txetx Etxeberri el 3 de octubre de 2016. El 8 de abril de 2017 cumplieron con su responsabilidad. Fue un día lleno de valor y de compromiso. Resultó más fuerte la confianza otorgada a la ciudadanía que la incertidumbre que acarreaba hacerlo unilateralmente.

Algunas afrontaron el día al alba, en una senda que les conduciría a la selva. Eran las que, como ciudadanas, querían hacer su aportación al desarme, ejerciendo de verificadoras en los zulos donde se escondían las armas. Su función era aseverar que las armas quedaban en manos de las autoridades francesas. En total eran 172 ciudadanas de Lapurdi, Behe Nafarroa y Zuberoa. Hombres y mujeres, ediles y ciudadanos de a pie, de todas las edades, con una gran presencia de las jóvenes.

También había gente que no era de Euskal Herria, como el eurodiputado José Bové. Entre las verificadoras estaba también la diputada socialista Sylviane Alaux: “En cuanto supe que necesitaban verificadoras, me inscribí y les dije: ‘Si mi cargo como diputada os puede aportar algo, empleadlo, utilizad la responsabilidad de la que dispongo'”.

Xina Dulong, ciudadana de Ezpeleta, estuvo también guardando las armas. Ella se había quedado conmocionada con la iniciativa de Luhuso y también quería hacer su aportación al proceso de la paz: “Teníamos que demostrar que, incluso en una situación de bloqueo, sí se podía”. A todas esas personas agradeció especialmente el presidente de la Mancomunidad Única Vasca (formada por Lapurdi, Behe Nafarroa y Zuberoa), Jean-René Etchegaray, en la rueda de prensa de las 9 horas: “Ha sido necesaria también la sociedad civil para lograr una paz duradera en nuestro pueblo y para dar un final a la última lucha armada de Europa, puesto que ha sido tan grande el bloqueo en estos últimos cinco años”.

Los ‘artesanos de la paz’ esperaban también la presencia del Gobierno Vasco y del Gobierno de Navarra, pero al final sólo participó el representante de la Mancomunidad Única Vasca. Los ‘artesanos’ y los activistas de Bake Bidea (Camino a la Paz) resaltaron y agradecieron la presencia de Etchegaray. Los primero aseguraron además en la rueda de prensa de la mañana que Etchegaray, que es a la vez alcalde de Baiona, tuvo un rol muy positivo y que facilitó el proceso de desarme.

La información de los verificadores

A primera hora de la mañana, los ‘artesanos de la paz’ Etxeberri y Tubiana se reunieron con la Comisión Internacional de Verificadores, con Jean-René Etchegaray, Harold Good –pastor protestante de Irlanda del Norte–, Matteo María Zuppi –arzobispo de Bologna– y Anaiz Funosas –presidenta de Bake Bidea–. La comisión que lidera Ram Manikkalingam en seguida dejó el listado de las localizaciones de las armas en manos de Samuel Vuelta Simon, procurador de Baiona.

Estaban ubicadas en ocho puntos, tres en el norte de Euskal Herria y otros cinco a unos kilómetros, en Occitania. Eran en total 120 armas, tres tonas de explosivos y miles de municiones y detonadores. Se difundieron rumores de que ETA transmitió esta información directamente a la policía, y Berhokoirigoin se pronunció públicamente para desmentirlo: “Lo que están difundiendo algunos medios de comunicación, que ETA ha facilitado la localización de las armas a la policía francesa, es intoxicación informativa. No es cierto”.

Verificadores de los 'artesanos de la paz' comprueban las armas entregadas en los zulos de ETA. / Foto: Artesanos de la paz.

Verificadores de los ‘artesanos de la paz’ comprueban las armas entregadas en los zulos de ETA. / Foto: Artesanos de la paz.

Desde las siete provincias

Respondiendo a la invitación de los artesanos de la paz, acudió a Baiona gente de las siete provincias de Euskal Herria. 20.000 mostraron así su apoyo y solidaridad. Preguntamos sobre los motivos para estar presente ese día en Baiona: la respuesta más habitual que recibimos fue “como todos, la verdad… no sabría añadir nada nuevo…”. Nestor, de Irun, nos dijo: “Estoy aquí porque quiero que se acabe dignamente, porque quiero una paz justa. Éste era un paso necesario para poder dar después los siguientes”. Monique, de Arrosa, aseguraba: “Este paso unilateral es muy importante y es una pena que los Estados no lo reconozcan. Pero necesitaremos ese reconocimiento, que deberán ejercerlo cambiando la política penitenciaria”. Battitt, de Uztaritz, apuntaba: “Esto no es ningún final, necesitamos que este camino continúe: trayendo a casa a los presos y refugiados, trabajando la convivencia…”. Ana, de Gasteiz, decía: “Hay mucho dolor y, para superarlo, tenemos mucho por hacer, bien los responsables, pero también cada una de nosotras, como personas”. Juana, de Zalgiz, decía que, para ella, el desarme era imprescindible tanto para Euskal Herria como para la sociedad: “Las armas eran una carga inmensa que teníamos encima de nuestras cabezas, como una nube negra. La sentíamos en todos los ámbitos, en la política, la economía, y también en la relación entre la gente. Nos hemos liberado de una presión y ayudará para que podamos construir cosas entre todas”. Esta zuberotarra había estado vigilando las armas durante la mañana.

Los reunidos en Baiona siguieron paso a paso la información del transcurso del día. También tuvieron opción de reflexionar sobre los elementos que constituyen la paz y la resolución del conflicto mediante charlas, debates y vídeos. El programa de actos culminaba a las 15h, con la concentración convocada para respaldar el desarme y el proceso de paz. La plaza se fue llenando poco a poco y acabó cubriendo por completo también las calles contiguas. Funosas fue la primera en pronunciarse: “Todo esto no sería posible si no hubierais creído en esta fuerza, si no hubierais creído que teníamos el poder de cambiar las cosas y de abrir camino al proceso de paz. En nombre de todos los organizadores, muchísimas gracias”. El público le respondió con un fuerte aplauso. Después de Funosas tomaron la palabra Berhokoirigoin, Tubiana y Good.

Un manifiesto muy potente

Para finalizar el acto, subieron al escenario más de cien representantes sociales, culturales y económicos de toda Euskal Herria y leyeron el manifiesto que todas ellas firmaron, en cuatro idiomas. Estitxu Eizagirre, directora del proyecto comunicativo Argia, lo leyó en euskara; Louis Joinet, ex magistrado y experto del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, lo leyó en francés; Fernando Armendariz, miembro del Foro Social, lo leyó en castellano; y la escritora Susan George lo leyó en inglés. “Este manifiesto será el texto de referencia, los siguientes pasos que posibiliten el desarme deberán basarse en él. Nos otorga la dimensión política y humana que necesitaremos en el futuro”, afirmó Berhokoirigoin.

El manifiesto aboga por el futuro. Afirma que “la paz no es tan sólo ausencia de violencia… e igualmente compartimos que, con violencia, no hay paz”. Consta de los elementos para alcanzar la paz justa y duradera, y aunque esté escrito de cara al futuro, no da la espalda ni al presente ni al pasado: “El desarme ya se ha producido, y este hito cierra un capítulo de nuestra historia lleno de dolor, de muerte y de agonía que queremos dejar atrás… pero no sin mirar atrás”.

Teniendo presente a las víctimas, “las pasadas y las presentes, las conocidas y las que no lo son, las de estas armas y las de todas las armas”, se comprometen con un futuro “de recuerdo y reconocimiento, queremos hacer verdad y justicia, y decirles, ‘¡no volverá a pasar!’, ‘¡no volverá a pasar!'”. Pero no sólo mira al pasado, sino también a un presente doloroso, “como el de las personas presas. Creemos que nadie pierde –todas y todos ganamos– si la ley y la política se vuelcan al presente, si termina el alejamiento y son traídos a Euskal Herria, si se excarcela a los enfermos y a quienes han cumplido su pena. Apostamos por que su vuelta a casa se realice lo antes posible. Porque también es necesario y debe ser posible”.

Este momento del día mostró la pluralidad que se va tejiendo en torno al compromiso de llevar a cabo el proceso de paz. También el manifiesto recalca la pluralidad: “No somos todo el pueblo, es verdad, pero nadie puede ni podrá negar que hemos venido a Baiona de todo el país, de todas sus tierras, de todas sus gentes y de sus más encontradas sensibilidades”. También tuvieron presentes a las personas que no asistieron a la cita, bien porque, después de haber meditado sobre el desarme, no han querido subir al escenario, o bien porque les ha marcado y herido el conflicto. Es un manifiesto escrito en respeto hacia todas las personas.

El texto acaba haciendo un llamamiento a los gobiernos de España y de Francia: “Que acepten hablar para tratar de lo que nos ha dejado –y cómo nos han dejado– tantos años de violencias”. En todo el día no pusieron ningún obstáculo las autoridades francesas, y se ha sabido que ello ha sido gracias a las negociaciones que se mantuvieron después de la iniciativa de Luhuso. En los días venideros se verá si los gobiernos de España y de Francia, además de no obstaculizar, tienen vocación de dialogar. Deberá ser así, puesto que la convivencia, el reconocimiento y la reparación no pueden hacerse unilateralmente.

Texto original en euskera publicado en Argia.

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