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Performance de Regina José Galindo en La Casa Encendida (Madrid). Foto: Belén Quejigo.

“La etiqueta de ‘artista político’ la puso el sistema”

Regina José Galindo es una artista visual especializada en performance art. Su trabajo explora las implicaciones éticas universales de las injusticias sociales, relacionadas con discriminaciones raciales, de género y otros abusos implicados en las desiguales relaciones de poder que funcionan en nuestras sociedades desde una crudeza de lo real subrayando la hipocresía del primer mundo.

Texto: Belén Quejigo. Fotografía: Francisco Magallón

En su obra, el cuerpo es llevado a situaciones extremas desde una concepción que va de la poesía a la acción. Su obra más famosa es La Verdad, en la que relata el horror de una historia que nunca había sido contada sobre la violencia, la crueldad y guerra de su país, Guatemala.

Sin embargo, esa verdad es poco a poco silencia por un especialista que le inyecta anestesia en su boca. Según Regina José Galindo, esa alienación y falta de empatía rigen nuestro mundo. Nos hacemos sordos, ciegos y mudos ante situaciones de injusticia porque estamos muy cómodos viviendo con los ojos, los oídos y la boca cerrados.

Podemos hacer un mapa topológico en el que se refleje la performance de Regina José Galindo, no como catarsis sino como catálisis, como algo transformador de lo que ya está en un nivel micropolítico. Existe un pathos y una corporalidad en movimiento ligada a la tensión y la intriga de los actos en la performance de Regina José Galindo que viene a presentar a La Casa Encendida: Presencia, una secuencia de trece acciones con los vestidos de mujeres asesinadas en Guatemala (¿qué va a suceder? ¿Qué está sucediendo? ¿Dónde ha empezado? ¿Cómo va a acabar todo eso?) una serie de preguntas sin respuesta, donde se da la tensión de la levedad del ser a través de líneas de fuga que nos transforma en algo o en alguien que no estaba desde el principio, donde solo existen desbordamientos psíquicos de sentido y el azar se intensifica y se hace dueño de todo el espacio.

La artista se transforma en todo aquello que hace, desestabilizando los sistemas simbólicos y formales del arte tradicional. Así podemos decir que el performance es una investigación de las formas de atención y significa desacostumbrarse y ver el desencanto del mundo para contemplar cómo el arte pertenece a la vida, pero no en un sentido romántico, sino real; es en el corazón de la más completa soledad donde se puede contemplar una unidad y estar juntos. Eso sucede en el performance.

En Historia de la performance en 20 minutos a través de 10 movimientos que señalaron los expertos del Coloquio de Arte-Acción en el Museo Nacional de Arte Reina Sofía de Madrid para definir el performance dijeron que la performance era: aparecer, recibir, retener, escapar, desear, fallar, llorar, morder, vaciar y desaparecer. ¿No es este un gesto de humildad absoluta donde ya no existen los grandes genios ni los espíritus dominantes de una época? Regina José Galindo no hace sino cumplir con lo que Deleuze dice que es el arte: “Vibrar la sensación, acoplar la sensación, abrir o hendir, vaciar la sensación”.

Luis Feito me dijo un día en su casa que él pintaba para que le amaran y que no podía vivir sin pintar, que era una necesidad. ¿Por qué el performance y no otra cosa? ¿Por qué el performance y no la nada?

Yo no tengo ninguna habilidad y no vengo de la academia. La única herramienta que tengo es la palabra. Como a mí me interesa el campo de la expresión, ésa es la herramienta que poseo y mi primer acercamiento a estos medios fue a través de amigas formadas en Diseño y en Historia del Arte, porque no tenía acceso a información artística.

No es que pensara que la palabra no fuera suficiente, pero en mi caso, tenía demasiada energía y rabia contenida. Esa rabia sólo la sacaba a través del oficio de la palabra, pero había una energía que seguía haciéndome ruido.

Paralelamente tengo la historia de que he trabajado como modelo de fotografía para algunos hombres que objetualizan el cuerpo de la mujer. No me gustó nada, pero este ejercicio tan terrible me sirvió como detonador de algo, ya que vi la potencialidad de mi cuerpo. Cuando descubro y conozco el medio, me doy cuenta de que es un lugar en el que me siento cómoda, puedo decir algo y decido trabajar.

La frase de Luis Feito me causa cierta empatía, pero no la comparto. Siento empatía porque siento que todo artista –no importa el campo– es un ser hipersensible que tiene un conflicto con su ego y que está durante toda su vida trabajando con esas dudas y cuestiones esquizofrénicas de “no sé quién soy ni qué hago ni para qué lo hago”.

En el caso personal, no creo que sea una razón suficientemente fuerte y sustentable querer el reconocimiento del otro. Todo artista tiene una responsabilidad consigo mismo y con la complacencia, porque tiene una responsabilidad que va más allá, porque eres un ser consciente y, como consciente, no es suficiente el hecho de recibir un beneficio propio, porque si no, el beneficio de tu obra es muy poco.

Performance de Regina José Galindo en La Casa Encendida (Madrid). foto: Belén Quejigo.

Performance de Regina José Galindo en La Casa Encendida (Madrid). Foto: Francisco Magallón.

Casi todo el arte es político y está claro que tu obra está impregnada de un sentido político muy fuerte, por proyectos transversalizados desde las migraciones al feminicidio. ¿Qué es para ti el arte y en especial el performance?

Yo no creo que sea así mi arte. Me parece raro. Sólo son adjetivos que han hecho sobre el arte algunas personas que en cierta medida tienen razón, pero desde luego el arte no es eso. Pero tampoco tiene una funcionalidad de imponer y poder hacer cambios radicales.

¿En qué momento se le coloca al arte la funcionalidad de que va a cambiar el mundo? ¡El arte no tiene esa capacidad utópica de generar esos cambios! Si de verdad quieres hacer cambios radicales, sé abogado o activista, pero no te quedes en el campo de la abstracción porque ahí no vas a poder generar esos cambios si es de verdad lo que vos querés en la vida.

El artista es un ser hipersensible que tiene la capacidad de poner sobre la mesa una serie de preguntas y poder abrir las discusiones desde muchas perspectivas. Un artista no es un ser genial que tenga ninguna verdad sobre el brazo. ¿Quién te dice que tiene la verdad? Es solo un ser humano con muchas problemáticas abiertas. Primero tiene que resolver sus pinches problemas y después ya vendrá lo demás.

¿En qué momento se le coloca al arte la funcionalidad de que va a cambiar el mundo? ¡El arte no tiene esa capacidad utópica de generar esos cambios!

No demos al artista una responsabilidad que no va a ser capaz de llevar sobre los hombros, un artista no puede cambiar las reglas del juego. Un artista puede hacer un aporte, pero siempre un aporte limitado. Que tu trabajo se dedique a decorar es solamente un sistema económico de arte. Que un trabajo se comercialice es otra cuestión. Y eso del artista político, ¿quién le puso la etiqueta de “artista político”? Pues se la puso el sistema.

Un artista es un pinche ser humano que hace su aporte como ser consciente y político. Y ser consciente y político es algo que se hace y hacemos todos en el día a día: en la forma que tú educas a tu hijo, que te relacionas con tu compañero… Todos tus proyectos y tus actos reflejan ética y política de vida que además se ve reflejada en el trabajo. No adjudiquemos etiquetas porque, si lo hiciéramos, estaríamos aprovechando unas modas. Nadie es un artista político. Solo somos seres conscientes.

Se suele decir que un pintor hace visible lo invisble, un músico sonoro lo insonoro. ¿Qué haces tú con tu performance? ¿Qué quieres mostrar?

El campo del performance también puede hacer visible lo invisible y sonoro lo insonoro. Tiene las mismas capacidades pero una cosa más, cuando trabajas con el cuerpo, estás trabajando con la energía. Eso es una verdad absoluta. A nosotros, como individuos, nos cuesta entender que el cuerpo tenga energía. No entendemos de qué estamos hechos. Va más allá del cuerpo físico, emocional o mental.

Entonces, existe en mí la posibilidad utópica de través de un performance de abrir un canal empático y un canal energético haciendo trascender algo que está en mí, no sólo sacar a la luz o mostrar algo, sino enseñar esa condición humana. Que sea un deseo utópico se verá con el tiempo. Pero en el campo del performance eso se ve porque estás trabajando con la energía misma. Con la vida misma. Es su posibilidad.

Siempre que hago un performance, acabo destrozada. Pero, ¿qué le digo a mi hija? ¿”Te he traído a un mundo de mierda y no hay lugar para la esperanza, la vas a pasar puta”? No puedo decirle eso a mi hija

Hasta el performance, donde el grado de ficción es mínimo, no se había mostrado lo que podía un cuerpo; no el cuerpo, sino un cuerpo energético en un lugar determinado y ante una situación determinada. De modo que el arte de performance al ser tan cartográfico –como dice Guillermo Gómez Peña de La Pocha Nostra–, al ser una topografía, tengo que preguntarte, ¿por qué esta performance en España?

La propuesta es de trece vestidos y la respuesta es terrible porque no fue una decisión racional. Éste es el primer proyecto después de muchos años de práctica que ha logrado transcender la línea de la forma. Yo no hago nada más que colocarme los trajes de trece mujeres. Pero cada vez que yo me pongo estos trajes sin hacer nada, al mismo tiempo han sucedido cosas que van más allá de la explicación racional.

¿Por qué elegí traer el traje de Mindy para hacerlo aquí? Creo que no lo elegí. Me invitaron a hacer un proyecto en España y en Documenta de Atenas. Pero sucede esta tragedia en Guatemala que tiene que ver con el Estado y el Gobierno, y me parece que había que aprovechar este espacio para poder hablar de esta situación.

Cuando empiezo a hacer una investigación –no hace falta ser un genio–, me doy cuenta de que, al explotar la crisis, los grupos más afectados son los más vulnerables, y dentro de todos esos afectados, sobre todo las mujeres. ¿Habéis pensado cómo ha subido el índice de violencia doméstica en Grecia o la cantidad de mujeres que han muerto desde que explotó la crisis? Son cifras que te paran los pelos. Me interesaba hacer este puente para hacer visible la situación en Guatemala y en Europa.

Por alguna razón, quise hacer una ampliación del proyecto, haciendo una performance en España para visibilizarlo también como país del sur afectado por la crisis. Entonces, hubo una historia que a mí me impactó mucho. Fue la historia de Mindy. Cuando Fundación Sobrevivientes, que es la más importante en cuanto a jurisdicción de feminicidios, me entrega el vestido de Mindy, me sobrecoge.

Mindy es una mujer que tuvo un intento de asesinato. Su marido se la lleva a un río y con un cuchillo, le corta y le arranca el rostro –boca, nariz, mejillas, casi los ojos–, y creyéndola muerta, la deja y entonces un campesino que pasa la logra rescatar y llevan a su esposo preso. Pero en un sistema impune, en pocas semanas lo dejan libre.

Fundación Sobrevivientes intenta retomar el caso y le proponen ir a México porque ella se ha convertido en un monstruo, no sólo físicamente, sino también en otro nivel: no puede respirar, no puede tragar, no puede dormir… Entonces, paralelamente, la asociación en Madrid empieza a colaborar y consiguen poder traerla a Madrid. Pero el marido, que está libre, la mata antes de llegar. No sobrevive a este segundo atentado. Su cuerpo aparece mutilado, violado… Cuando aparece, ni siquiera es reconocido como cuerpo.

De modo que su madre empieza la búsqueda y a los meses reconoce la cara completamente deformada en la morgue. Esta historia es terrible. No puede haber dos historias iguales.

Cuando me invitaron a hablar, Mercedes me habla de Mindy porque quería traerla a Madrid y no pude creer lo que me decía. Yo tenía su vestido. No podía creérmelo. Nos quedamos en un silencio absoluto. Yo estoy trayendo a Madrid ese vestido y quizá sea el pequeño aporte que podemos hacer. Ése era su sueño porque creía que podría reiniciar su vida con su hijo y en el último momento la asesinaron.

'Presencia'. performance de Regina José Galindo. Foto: Belén Quejigo.

‘Presencia’, performance de Regina José Galindo. Foto: Francisco Magallón.

Tu obra esta relacionada con el arte de Teresa Margolles, que es absolutamente desgarrador y realista con respecto a la situación política en México. Es muy difícil vivir en esta parte de Centroamérica y pensar que todo pronto va a cambiar. El otro día, tras tu performance, dijiste en Atenas que no había lugar para la esperanza.

No sé si no hay esperanza. He cambiado mucho mi forma de ver mi vida desde que tuve a mi hija. Se me acusa constantemente de que soy negativa, y no soy negativa. Soy realista. En verdad, tener expectativas es muy doloroso porque te puedes llevar un golpe muy grande, pero tampoco puedes decir que no existe espacio para la esperanza.

Siempre que hago un performance, acabo destrozada. Pero, ¿qué le digo a mi hija? ¿”Te he traído a un mundo de mierda y no hay lugar para la esperanza, la vas a pasar puta”? No puedo decirle eso a mi hija.

Yo puedo tener la certeza de que el mundo es una porquería pero eso no me va a hacer bajar la guardia ni estar en silencio porque el silencio te hace cómplice de la situación. Perpetra al opresor.

Hay que gritar, hay que aullar, hay que denunciar y utilizar todas las armas que tengas en la mano para salir de esta modorra a pesar de que tú sepas que no vas a lograr objetivos trascendentales, porque una sola persona no puede hacer cambios estructurales en la situación. Bajo este sistema injusto de patriarcado hemos vivido las últimas generaciones.

Tenemos que modificar la forma en la que se ve el mundo y eso no lo puede hacer un ser humano solo pero la conciencia de tus limitaciones, sí, no puedes mantenerte en pausa o silencio. No puedes ser cómplice de una situación.

Las mujeres estamos hartas. No estamos enojadas gratuitamente. Estamos hartas de esta pinche situación que sucede en Guatemala, que sucede en México, en España, en Argentina… Posiblemente no lo podemos cambiar pero eso no va a hacer que nos quedemos de brazos cruzados. Tal vez en otras generaciones podamos creer en la utopía de que algo puede ser distinto. No lo sé. Hoy me entendés, pienso distinto, y pienso en mi hija, si no, ¿de qué? ¿De qué luz nos sostenemos?

Sé que vas a Alemania, ¿qué vas a hacer ahora?

Como guatemalteca, estoy inmensa en el problema de la migración, porque los guatemaltecos están emigrando a muchos países del primer mundo buscando nuevas formas de vida.

Pero no hablamos de lo que la gente esta exportando a estos países. Estamos hablando de una violencia terrible con índices amplísimos. Pero, ¿cómo se practica esta violencia? ¿quiénes envían esas armas? Ellos, los países del primer mundo. El objetivo final es la plata y todo lo que mueve a estos seres es la plata a costa de la vida y el sufrimiento de otros.

Van a mantener a nuestros países en zozobra porque nuestros países en zozobra mantienen sus pinches economías. Alemania no puede exportar armas a países en conflicto porque lo tiene prohibido, pero tú sabes que México no es un país en conflicto realmente.

Durante el año 2006 a México llegaron cientos de miles de armas y empezaron a desaparecer armas que llegaron de México… ¿Qué sucedió? Que algunas llegaron a policías y al Estado y otras tantas miles desaparecieron. ¿Dónde están? En manos de las organizaciones ilegales, de los ZETAS y el narcotráfico, llegando así a Guatemala, Honduras y Nicaragua. ¿De eso no se habla? Se habla siempre de la inmigración nuestra pero no de lo que el primer mundo hace en nuestros países. Ése es mi proyecto en Alemania.

¿Cuál es el objetivo de cualquier guerra? El dinero. ¿Por qué se expropian tierras a los indígenas? Por el dinero. El objetivo de estos pinches países imperialistas siempre es el mismo y van a hacer mierda nuestra vida y nuestra sociedad sin importarles nuestra dignidad en la medida que ellos generen más ingresos.

Mi proyecto es directo con esto. Yo he tenido la hipótesis de que en el proyecto Documenta de Atenas, en el que yo he participado, se ha servido de financiación de Kassel donde hay una fábrica de armas. ¿De qué vive esa ciudad de Kassel? De la compañía de Volkswagen y otras fábricas de armas que hay allí.

Y esto era políticamente muy incorrecto pero afortunadamente el proyecto Documenta es muy permisivo y me dieron la licencia de hacerlo. Era difícil pero es un tema que surge de lo local, porque el 99% de las muertes en mi país son por arma de fuego. Con eso te lo digo todo. Esas armas no son hechas en Guatemala. Nosotros ponemos los asesinos pero, ¿quién pone lo demás?

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