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Las escritoras Patricia Merino y Silvia Nanclares abordan la maternidad en sus nuevas obras. Foto: Álvaro Minguito.

Maternidades, cuerpos que importan

Silvia Nanclares (Madrid, 1975) y Patricia Merino (Bilbao, 1961) acaban de publicar dos libros que abordan la maternidad desde puntos de partida en principio muy distintos.

Texto: Irene G. Rubio
Fotografía: Álvaro Minguito

En Quién quiere ser madre (Alfaguara), Silvia novela su deseo de ser madre con 40 años, mientras que en Maternidad, Igualdad y Fraternidad (Clave intelectual), Patricia reivindica a las madres como sujeto político y hace un detallado análisis de las condiciones en las que se desarrolla actualmente la maternidad.

Sin embargo, la lectura de ambos libros acaba resultando complementaria: el de Patricia explica el contexto social y político que lleva a mujeres como Silvia a retrasar la maternidad.

Ambas coincidís en que actualmente se niega lo biológico. Patricia señala que, con la maternidad, “se niega trascendencia a todo aquello que es naturaleza en nosotros”, y Silvia, con 40 años, se da de bruces con el fin de la edad fértil.

Patricia Merino: La maternidad es un hecho biosocial. Podemos decir que es un constructo social, pero da igual, la maternidad seguirá siendo un hecho biológico. O empezamos a tomárnoslo en serio, para ver cómo se puede organizar, o seguimos en la inopia.

Silvia Nanclares: La maternidad tardía está completamente entroncada con lo social. Hay una cosa que se llama vida fértil, que decae a partir de los 35. Podemos someternos a tratamientos con 45 y 50 años, pero estamos negando una realidad que nos atraviesa. A mí me lleva a preguntarme por qué hemos sacado determinadas cuestiones tan sumamente evidentes del debate. Hay un tabú con lo biológico.

La definición de una trayectoria laboral estándar es una definición masculina, sin cuidados y sin maternidad. Hay que cambiar ese estándar y hacer otro

Quizás porque pone en evidencia que somos vulnerables, que nuestro cuerpo tiene límites.

S.N.: Rompe esa lógica, y también la lógica de la igualdad. A mí, mi madre me ha regalado, como parte de sus conquistas sociales, que yo tenga las mismas oportunidades que mis hermanos. A eso se suma esa idea del capitalismo de que todos los deseos se pueden comprar. Pero eso choca, en mi caso, con las limitaciones de la vida fértil. ¿Por qué la igualdad es siempre de nosotras hacia ellos? ¿Por qué, si era un proyecto común, tuve que ajustarme yo a las oportunidades de los hombres, que estaban además basadas en lo laboral, en la proyección individual?

P.M.: Porque el modelo capitalista está hecho para ellos, no para nuestra trayectoria vital y laboral. La definición de una trayectoria laboral estándar es una definición masculina, sin cuidados y sin maternidad. Hay que cambiar ese estándar y hacer otro. Que la matriz base de lo que es una trayectoria laboral sea la de las mujeres.

Ambas señaláis las carencias del feminismo en relación con la maternidad. Patricia apunta cómo, para deshacerse del binomio mujer-madre, al final la maternidad ha desaparecido del discurso. Silvia, porque no encuentra un feminismo que ponga palabras a lo que estás viviendo: el deseo de ser madre y no poder.

P.M.: Yo creo que hay un feminismo muy influido por el neoliberalismo, sobre todo desde los 90. En España tenemos la gran desgracia de que se acabó la dictadura en el momento de ascensión del neoliberalismo y hemos empalmado merde con merde. Aquí parece que la maternidad no pinta nada en el feminismo, mientras que en otros países no es así.

Además, hay que tener en cuenta que los países del sur de Europa son estados familiaristas, no se molestan en tener ningún tipo de prestación para la crianza porque ya se ocupan las familias. El hecho de que una de las ideas fuertes del feminismo de los 90 fuese que las prestaciones que remuneran la crianza son muy negativas para las mujeres, porque se van a quedar en casa, ha tenido un efecto perverso.

¿Hace falta una crítica dentro del feminismo al empleo como liberación?

P.M.: Lo ha sido para muchas mujeres y tiene que seguir siéndolo, lo que hay que replantear es el empleo. ¿Por qué ocho horas? ¿Por qué cotizar 35 años para tener una pensión? Hagamos otro paradigma. ¿Sabéis qué porcentaje de mujeres tiene empleo en España? No llega al 60%. Un 43% de las mujeres en edad laboral no tiene empleo formal. Cuando la gente dice que tenemos un país en el que hay muchas mujeres emancipadas, habría que preguntarse: ¿qué mujeres y de qué clase social?

Además, ahora la crianza se ha convertido en un asunto privado, incluso en espacios de activismo.

S.N.: Se ve como un problema que tú te has buscado.

P.M.: Ese es el planteamiento neoliberal de la crianza. Silvia Federici explica cómo la confluencia entre neoliberalismo y feminismo fue un proyecto político impuesto desde arriba, por organismos como el FMI y el Banco Mundial. Encontraron la manera de que el feminismo encaje con el proyecto neoliberal restringiendo la agenda del feminismo político a un solo objetivo: la participación de las mujeres en el empleo.

Quizás la baja natalidad también tiene que ver con algo que señala Silvia: en nuestra generación pensamos que siempre íbamos a ser jóvenes.

S.N.: Perdemos los ritos de paso para convertirnos en adultas. No nos vamos de casa de nuestros padres, no tenemos independencia económica —porque ese familiarismo lleva a una gran dependencia económica de nuestros padres—, no encontramos un curro que nos dé estabilidad, las relaciones afectivas son líquidas, la idea de compromiso está difuminada… Te quedas instalada en una eterna juventud.

P.M.: Los españoles nos emancipamos con una media de 28 años. En Italia es más tarde, a los 30. En Suecia se emancipan entre los 21 y 22. ¡Son diez años! Y diez años muy importantes, no somos igual a los 20 que a los 30.

Muchos de los discursos sobre las madres “rezagadas” son muy culpabilizadores.

S.N.: Son realidades silenciadas. Como no tenemos vocabulario ni espacios para hablar de esto, ni siquiera dentro del feminismo, ¿qué acabamos haciendo? Metiéndolo debajo de la almohada, como a los niños y el cuidado.

P.M.: Un feminismo que no plantee estas cuestiones no tiene futuro. Si la maternidad no fuera algo tan incómodo y difícil dentro del capitalismo, igual seríamos madres a los veintipico, treinta años, y no habría estos problemas.

Es interesante cómo plantea Silvia el debate sobre la maternidad, desde alguien que quiere ser madre pero no sabe si va a poder. Es un espacio intermedio.

S.N.: Nos tenemos que juntar madres con no madres, con hijas, con abuelas. Al final, la maternidad nos atraviesa a todas… y a todos. Hay tanto trabajo que hacer, faltan muchos debates y que no se hagan desde bandos. ¿Cómo podemos obviar la reproducción?

¿Qué medidas se deberían impulsar para facilitar la vida de las madres y de las que quieren ser madres? Me parece muy interesante algo que menciona Patricia: que el acceso a determinados derechos (prestaciones, ayudas) no tenga que estar ligado al empleo.

P.M.: Los derechos básicos deben estar desligados del empleo. En cuanto a la equiparación del cuidar y el sustentar, es un horizonte lejano pero tiene que estar ahí. Deberíamos pensar medidas que vayan en esa dirección. Muchos países de Europa tienen prestaciones por hijo a cargo, te dan unos 100 euros al mes por criar. Esto cambiaría completamente las tasas de pobreza infantil en este país. Las prestaciones universales para los menores de 18 años son algo básico. Mucha gente de clases bajas y medias no puede tener hijos o solo puede tener un hijo.

S.N.: Yo añadiría la ampliación, en la sanidad pública, de la edad para los tratamientos de fertilidad. Por ejemplo, en Bélgica es hasta los 45 años. Si te vas a cualquier hospital a la planta de neonatos, ves que las madres de 40 no son una excepción.

Comments

  • Leticia
    REPLY

    Que gran artículo, muchas gracias por dar luz a un tema con tantos claroscuros.

    31 mayo, 2017
  • Tania Gálvez San José
    REPLY

    “el modelo capitalista está hecho para ellos”. Claro, claro, ahora resulta que los hombres sí están adaptados biológicamente para vivir en el sistema capitalista, que los empresarios les tuvieron en cuenta a la hora de poner los horarios laborales o prevenir los riesgos laborales… ¡Ay! ¡Qué pena! Pues no, el sistema actual no está hecho ni para hombres ni para mujeres, ya que se basa en una instrumentalización de las personas para conseguir unos determinados objetivos, productos, eficiencias y lo único que está hecho a medida del modelo capitalista es la máquina, no el ser humano. Las máquinas no duermen, ni comen, ni follan, ni paren, ni lactan. Las máquinas no tienen que parar, tienen que durar. Y si se rompen, pueden reponerse porque hay otra exáctamente igual. Hablo de ello aquí: http://www.lasinterferencias.com/2016/07/11/no-estamos-adaptados-para-vivir-en-este-ambiente/

    29 junio, 2017

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