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Fotograma de 'El programa de Ana Rosa', en Tele5.

Heroína en Madrid: la droga y los medios

Vecinos contra ‘yonkis’, barrios convertidos en ‘junglas’, consumidores llamados ‘narcos’… Las fórmulas de los grandes medios de comunicación para abordar la problemática que rodea la heroína vulneran en muchos casos los decálogos de buenas prácticas que publican entidades sociales y organismos oficiales. El Salto ha preguntado a asociaciones vecinales de barrios de Madrid afectados por el consumo y la venta, investigadores y personas que trabajan con drogodependientes: ¿Qué opinan del tratamiento que los medios dan a esta droga y a los problemas que la rodean?

Texto: Carlos Sevilla Peris
Fotografía: Manu Navarro 

Javier Cuenca, presidente de la Asociación Vecinal La Incolora de Villaverde Alto:

“Cuando nos surge vuestro planteamiento de hablar con nosotros sobre el tema de la droga, lo primero que hacemos las asociaciones es ponernos un poco en alerta precisamente por el mal trato que se le ha dado al tema. Se ha dado mal trato porque la mayoría de los medios son sensacionalistas y van buscando ese tipo de información que puede llamar la atención, alertar o crear inseguridad y resquemor en la población”.

Agustina Serrano, presidenta de la Plataforma Vecinal San Blas-Simancas:

“Los medios de comunicación son muy alarmistas, sobre todo Telemadrid. Parece que tenga fijación con el barrio. Antes del verano sacaron unas noticias [diciendo] que los vecinos estaban haciendo patrullas vecinales porque ya no aguantaban más. ¡Bueno, bueno! ¡Poco más que habíamos vuelto a los años 80! Y nada más lejos de la realidad”.

María Pérez, consejera técnica del Instituto de Adicciones de Madrid Salud y jefa de sección en funciones del Centro de Atención a las Drogoependencias (CAD) de Arganzuela, dependientes del Ayuntamiento de Madrid:

“No me gusta cómo se aborda. El abordaje suele ser desde lo delictivo, los problemas que da para la seguridad ciudadana, esa imagen un poco sensacionalista y de marginalidad –que hay una parte que está ahí, pero no es lo único–. Y no desde la parte de las posibilidades que tienen estas personas de salir adelante, el esfuerzo que hacen, los recursos que hay destinados a ello. […] Tenemos un problema de posicionamiento nosotros mismos: los recursos, las entidades y los profesionales. No podemos normalizar, ni dar el mensaje de ‘esto es normal y de aquí se sale’, porque nos da miedo que sea un mensaje contrapreventivo. Si se normaliza y banaliza, malo. Si se criminaliza y marginaliza, peor. Entonces, es cierto que no lo facilitamos y que hay una parte de responsabilidad que podemos tener los profesionales”.

David Pere Martínez Oró, psicólogo social y autor de Del tabú a la normalización. Familias, comunicación y prevención del consumo de drogas (Bellaterra, 2016), entre otros libros:

“La narrativa homogénea de la que ha participado la inmensa mayoría de medios de comunicación en todos los formatos es una imagen que reproduce el discurso prohibicionista. Todas las drogas son peligrosas, si empiezas consumiendo terminarás en la calle, enganchadísimo como un ‘yonki’ contumaz sin solución… Y solo hay una opción de encarar la cuestión de las drogas, que es a través de la lucha, la beligerancia, cuando la guerra y la beligerancia contra las drogas, acaba siendo la guerra y la beligerancia contra las personas que las utilizan. […] Es esencialmente lo que persigue el prohibicionismo. No intenta entender cuáles son las finalidades y los usos de las drogas y por qué hay gente que las utiliza”.

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Carmen Díaz, cofundadora de la asociación Madres unidas contra la droga:

“Nosotros decidimos hace muchos años que cuando viniesen los medios de comunicación hablaríamos determinadas personas […] Por ejemplo, venía Telemadrid, o El País: ‘¿Cuántos hijos tiene usted enganchados a la droga?’. Cuantos más hijos tengas, más te pegue, más te robe y todo eso… Descubrimos que eso no tenía que ser y que si nos preguntaban por judías, teníamos que contestar por garbanzos. ¡Y todo en directo, y que no te corten ni te quiten! Y si no, fuera. Porque había mujeres que al principio contaban su vida y luego tenían problemas en el trabajo. Entonces, había que denunciar el tema en general”.

Juan Carlos Usó, historiador y autor de ¿Nos matan con heroína? (Libros Crudos, 2015), entre otros:

“Creo que históricamente se ha mostrado como una información tremendista, excesivamente centrada en destacar aquellos aspectos más memorables y/o aberrantes asociados a su consumo: desde el precio, hasta las muertes por sobredosis, pasando por una exhibición desmesurada de imágenes de la ruta intravenosa. En este sentido, nadie parece tener en cuenta que el miedo y la exageración pueden alimentar el interés y la fascinación por cualquier cosa, y mucho más si está prohibida. […]. Y en concreto, la población adolescente, con escasa experiencia directa sobre la muerte y más inclinada biológicamente a desarrollar actitudes de rebeldía, suele estar especialmente interesada en las conductas arriesgadas, especialmente si implican novedad, placer o prestigio en su entorno social”.

Agustín Rodríguez, párroco de la iglesia de Santo Domingo de la Calzada, en la Cañada Real (Madrid), que trabajó con dependientes durante 25 años:

“Estoy convencido de que a los medios no es que les interese criminalizar la Cañada. Eso les da igual. Lo que necesitan es vender. Y vende mucho más que haya una chiquita que se meta aquí en un fumadero con una cámara oculta enseñando toda la mierda de todo el mundo. Pero, ‘¡Joder, se ha metido ahí!’ ‘¡Qué profesional!’… ¿Profesional de qué? Me parece asqueroso e indecente. […] El problema de la drogadicción es un problema que machaca al que lo padece, y lo que no se puede es pretender sacar negocio con eso. Ya bastante hacen los camellos de aquí, ya les explotan lo suficiente, para que ahora vengamos la sociedad formalmente bien puesta a jugar con el morbo”.

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