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Pamplona: asalto al casco viejo

Más de un tercio de los vecinos abandona el centro urbano en las fiestas, un fenómeno cada vez más consolidado en el que ha irrumpido además el fenómeno de plataformas como Airbnb.

Texto: Iván Pastor
Fotografía: Ione Arzoz

La Pamplona sanferminera se concentra en el centro urbano y, en líneas generales, convierte el resto de la ciudad en barrios dormitorio. El fenómeno ha crecido en las últimas dos décadas, y es directamente proporcional al malestar de la inmensa mayoría de los 10.400 habitantes de Aldezarra. Este modelo festivo está convirtiendo a propietarios de vivienda en rentistas temporales, y está expulsando al vecindario incapaz de llevar a cabo una vida normal del 6 al 14 de julio. Casi el 40% de los habitantes del Casco Viejo abandona sus hogares y los 1.800 residentes mayores de 60 años ven especialmente afectados sus ciclos de descanso diurnos y, sobre todo, nocturnos. En torno al 10% de las 1.766 inspecciones de ruidos realizadas el año pasado detectaron emisiones altas o muy altas, pero estas políticas de control, carentes de impulsos institucionales vigorosos, escasamente modifican las tendencias en curso.

Precisamente, la asociación Convivir en lo Viejo se constituyó para denunciar el aumento de las licencias hosteleras y alertar acerca de los altos niveles de ruido, que sufren sobre todo por estas fechas. “Reivindicamos que habría que revisar la saturación de actos en el Casco Viejo, descentralizar los Sanfermines y expandirlos al resto de la ciudad”, comenta Paco Roda, miembro de la organización, que añade que “está el programa oficial, el extraoficial y el real, que gira alrededor de una hostelería invasiva que se salta todas las normas”.

Durante la alcaldía de Javier Chourraut hubo intentos de trasladar partes del programa a otras zonas como la Media Luna o Yamaguchi. El público, sin embargo, no aceptó de buen grado los cambios, y la escasez de afluencia orientó los experimentos hacia espacios más céntricos, a lo que hay que sumar las plazas ocupadas por el movimiento popular, este año Plaza de Recoletas y la Plaza de la O. “No todos los colectivos populares están de acuerdo con la descentralización porque no hacen el análisis que hacemos nosotros”, explica Roda, que comenta que la saturación ha ido a más, y pone en valor la localización de las barracas políticas que, durante una época, ocuparon el solar de Yanguas y Miranda. Los miembros del colectivo insisten en que el Ayuntamiento sea “persistente”, y que promocione los Sanfermines en los barrios.

Rentas de monopolio

La concentración de circuitos de ocio en el Casco Viejo genera la llamada “ventaja competitiva” para aquellos sectores que hacen negocio. Así lo señala Rubén Martínez, investigador especializado en políticas públicas urbanas y prácticas comunitarias, que explica que la ventaja competitiva de un sector de la hostelería —su ubicación central— choca con los derechos de los vecinos. Por ello, señala que son necesarios mecanismos para redistribuir el beneficio económico, con nuevas y progresivas tasas a los negocios que incrementan la utilización privada del suelo público, o con ampliaciones del espacio que pueda incorporar la ventaja competitiva (descentralización). “O se cambia el modelo de propiedad y explotación del suelo o cada vez se generará más acumulación de capital y segregación”, apunta.

El investigador considera igual de grave el impacto de la turistización sobre la esfera inmobiliaria. “Por un lado, un pequeño propietario que vive en su casa puede pasar a ser un rentista temporal; por otro lado, se transmite una presión tremenda sobre el mercado de alquileres”, explica. El fenómeno de la expulsión temporal de inquilinos está cada vez más consolidado en la ciudad y, recientemente, ha irrumpido con fuerza el alquiler de apartamentos de la mano de plataformas digitales como Airbnb, con el consiguiente impacto sobre las rentas más bajas que no son propietarias.

En julio, el precio de arrendamiento de un piso se multiplica por cuatro (junto con las molestias a los vecinos). En este sentido, los esfuerzos de las administraciones son insuficientes: la mayoría de balcones y pisos arrendados siguen sin estar registrados como apartamentos turísticos… y sin tributar.

Tauromaquia del siglo XIX: El toreo no es el reclamo principal para la mitad de los espectadores

Es imposible desligar los Sanfermines de los toros. Sin embargo, a nivel internacional la señal es clara: cada vez más operadores turísticos internacionales excluyen de sus circuitos los destinos con maltrato animal explícito incluido. Mientras el 56% de los corredores del encierro son extranjeros —según un informe de la Unión de Criadores de Toros de Lidia (UCTL)—, la presencia de turistas en la plaza es mínima. Además, a pesar de que la Plaza Monumental de Pamplona —que solo acoge espectáculos taurinos en julio—, goza de buena salud, es de sobra conocido que el toreo no es el reclamo principal para prácticamente la mitad de esos espectadores.

El colectivo recién conformado Iruñea Antitaurina, tiene como objetivo acabar con las corridas “vaciando el tendido de sol”. Celia, activista animalista, cree que “Iruñea no es taurina, es sanferminera”. “Mucha de la gente que asiste a las corridas va por el ambiente y por los amigos”. En el Estado español, los festejos taurinos han disminuido a la mitad en los últimos diez años, y la edad media de los asistentes es cada vez más elevada. A pesar de los 500 millones de euros anuales que el sector recibe en forma de subvenciones, para Iruñea Antitaurina no se puede justificar que las corridas generen riqueza. Confían en que al separar corridas de encierros se favorezca el debate para acabar con ellas.

Violencia sexista: Las mayoría de agresiones de baja intensidad pasan desapercibidas

Nagore Laffage fue asesinada durante las fiestas de 2008 por José Diego Yllanes. En 2013 se desató la polémica por los tocamientos durante el chupinazo, algo que el movimiento feminista llevaba denunciando muchos años. Por último, los Sanfermines del año pasado fueron conocidos por la lamentable noticia de la agresión sexual colectiva sufrida por una joven.

El número de agresiones sexuales durante las fiestas se mantiene constante. Históricamente, su existencia ha sido invisibilizada por su “normalización” en el espacio festivo. El año pasado fueron cuatro las denuncias por agresión sexual y una más en grado de tentativa, a las que habría que sumar las que no se denunciaron. Al respecto, algunas campañas locales en redes sociales, como la protagonizada por el lema “Si no vas a respetar, no vengas”, han hecho hincapié en el origen foráneo de algunos de los agresores, distorsionando la realidad y alimentando visiones xenófobas compartidas por los sectores conservadores de la ciudad, como lo demuestran las recientes denuncias públicas por agresión sexual en fiestas de la Txantrea o Iturrama, protagonizadas por varones locales.

La gran respuesta popular a las agresiones, debido sobre todo al trabajo que lleva a cabo el movimiento feminista el resto del año, se suma a la campaña por visibilizar y animar a denunciar los casos de baja intensidad, que pasan desapercibidos en su inmensa mayoría. En este sentido, el año pasado se recogieron más de 50 incidencias en los puntos de información sobre violencia sexista, aunque son muchos más los que no se denuncian porque pasan por “casos menores” en la vorágine festiva.

Sigue la pista al dinero: La precariedad laboral, la gran invitada a las fiestas

Bajo el lema ‘San Fermín te explota. Tú disfrutas, ellas trabajan’, la Red de Autodefensa Laboral denuncia la precariedad por segundo año consecutivo: jornadas interminables, trabajo sin derechos laborales, y una cadena de cuidados invisibilizada. Todo ello para el disfrute de unas clases medias, que son las que pueden permitirse un consumo a todo trapo a lo largo de nueve días. “No tenemos datos concretos pero existe mucha economía sumergida”, reconoce Adam, uno de sus miembros, que diferencia entre la situación precaria de muchos trabajadores sin contrato en la hostelería (o en las industrias culturales y de ocio) de las condiciones de los inmigrantes que venden en la calle. Para la Asociación de Comerciantes y Hosteleros, este comercio es “ilegal” y ha vuelto a pedir un plan.

Como el año pasado, el Consistorio se ha comprometido a no actuar contra los manteros, aunque en 2016 la Policía Municipal incautó material en una ocasión. Desde SOS Racismo creen que las falsificaciones de bajo coste no perjudican al pequeño comercio y que las marcas globales “basan su beneficio en las penosas condiciones laborales de los países empobrecidos”. La asociación antirracista considera importante la autoorganización de dicho colectivo y pone en valor el nacimiento del Sindicato Mantero en Barcelona. Organizaciones como LAB o CGT se han comprometido a trabajar un problema con raíces estructurales. “La Ley de Extranjería les prohíbe trabajar: son manteros porque no tienen otro remedio, lo que realmente se hace es criminalizar a la pobreza”.

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