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Crónicas de la Ingobernable

La okupación de un edificio en el centro de Madrid cambia la dinámica establecida desde la victoria de Ahora Madrid en las elecciones municipales y sitúa al Ayuntamiento en buena posición para deshacerse de uno de los pelotazos aprobados en la etapa del PP en el Gobierno de la ciudad.

Texto: Pablo Elorduy | Fotografía: Álvaro Minguito

La pasarela Ciudad Precaria termina entre aplausos y con el ritmo de una canción pop. Unas cuarenta personas revolotean entre las plumas, los sombreros y las gafas de chufla con las que el Eje Feminista de Precariedad y el colectivo Territorio Doméstico desarrollan una acción de denuncia en el marco de la movilización Madrid no se Vende. Contra viejos y nuevos modelos de precariedad, “modelitos” de resistencia y apoyo mutuo.

Es miércoles y la pequeña plaza de la calle Gobernador ha sido tomada. Enfrente, el edificio que desde el sábado es el Centro Social La Ingobernable acoge una reunión de la red solidaria de acogida y aún otra reunión más. Junto a la puerta, un calendario de papel continuo fija las actividades de lo que queda de semana.

Los fotógrafos pululan discretamente entre los grupos. La prensa está permitida. ¿Toda?, no. algunos medios como el amarillo Ok Diario están vetados. Poco antes de la acción feminista, un reportero insolente ha sido despachado de la puerta. Le acompañaba la portavoz del Hogar Social Madrid. Un cartel señala por qué no se deja entrar a ese dúo: la asamblea del espacio no acepta comportamientos racistas, machistas u homófobos.

Ni siquiera ese episodio perturba el ritmo que va adquiriendo la Ingobernable. Las asambleas del sábado –el día de la okupación– y del pasado lunes empezaron a subrayar la singularidad de este espacio. Para rastrear aquello que hace atípica esta ocupación –que no es la primera que se produce en el Madrid de Manuela Carmena– hay que tener en cuenta, en primer lugar, que se trata de un edificio municipal, y que el Ayuntamiento tiene un problema heredado respecto al mismo que va más allá de la okupación.

Los problemas de Ahora Madrid son mayores que los de la gestión de dicho espacio. Las noticias sobre el sobrecoste para la ciudad del Open de Tenis, el papel de la empresa pública Madrid Destino antes y después del cambio electoral, la sucesión de Manuela Carmena y los movimientos de las distintas familias y proyectos políticos en torno a ese relevo –y a la propia supervivencia de Ahora Madrid– convierten el asunto de la Ingobernable en una trama secundaria dentro de una fase crucial.

Se sabe que en el Ayuntamiento hay distintas posturas respecto a un tema como el de la recuperación de edificios, desde la alcaldesa, opuesta a la okupación por cuanto supone “no ajustarse a la ley”, a personas que proceden y reivindican los centros sociales como espacios de socialización política insustituibles. En medio, toda una gama de grises. En este sentido, la presencia de concejales procedentes del Patio Maravillas ejerce de reclamo para los medios de comunicación con respecto al nuevo espacio que, sin embargo, se ha planteado como una superación de ese referente.

Las buenas noticias para el Ayuntamiento vienen del hundimiento del PP de Madrid tras los casos del tenis, del Canal y de Mercamadrid. Son las consecuencias del ciclo de turbocapitalismo de amiguetes, que han defenestrado a la principal cabeza de la oposición municipal –Esperanza Aguirre– y han mandado a la nevera a la delegada de Gobierno –Concepción Dancausa, el azote de los centros sociales–, imputada/investigada en el caso del mercado de abastos.

En ese contexto, a la asamblea de la Ingobernable se le abre un panorama bastante mejor que el que han tenido ocupaciones anteriores. La autonomía del espacio de las batallas internas de Ahora Madrid es una prioridad que se repite en distintos corrillos, quizá por la necesidad de reafirmar esa autonomía. Las líneas rojas se han fijado ya. La primera, que el Ayuntamiento rescinda el contrato de cesión con la Fundación Emilio Ambasz, una fundación de la que apenas se sabe nada. A partir de ahí, el diálogo. Y durante todo ese proceso, el crecimiento del espacio y su uso por parte de los movimientos.

A escasos metros de la estación de Atocha, el intercambiador de transporte más importante de la Comunidad de Madrid, la Ingobernable apunta a ser un cortocircuito en la ciudad-marca, pero también un espacio para la reconstrucción del tejido de los movimientos sociales (en el sentido más político) tras el periodo institucional que siguió al 15M. Y, más importante, la puerta de entrada para una nueva generación ajena a las dinámicas generadas en el ciclo anterior.

El calendario de la puerta recoge más y más actividades. Hay confianza en que se llevarán a cabo.

Comments

  • Rufo
    REPLY

    Chicxs deberíamos ir a ver este nuevo espacio. Contactar con ellxs puede ser muy interesante

    19 mayo, 2017

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